En la industria alimentaria global, la calidad del aceite de soja no solo define el valor del producto final, sino también la confianza del consumidor y el cumplimiento regulatorio en mercados como la Unión Europea, EE.UU. o América Latina. Para pequeñas y medianas fábricas de aceites vegetales, dominar el paso de blanqueo durante la refinación es clave para reducir costos, aumentar la pureza y cumplir normativas como la FDA (EE.UU.) o la EFSA (UE).
El blanqueo elimina pigmentos, residuos de fosfolípidos y compuestos volátiles que afectan el sabor, color y estabilidad oxidativa del aceite. Según estudios de la Universidad de Illinois, una temperatura incorrecta puede dejar hasta un 30% más de residuos de fosfolípidos —lo cual impacta directamente en el índice de peróxidos.
| Parámetro | Rango óptimo | Impacto si se desvía |
|---|---|---|
| Temperatura (°C) | 80–95 | >95°C → pérdida de ácidos grasos esenciales |
| Tiempo de contacto (min) | 20–30 | <20 min → eficiencia baja en eliminación de colorantes |
| Cantidad de carbón activado (% peso) | 0.5–1.5% | >2% → exceso de adsorción de sabores naturales |
Una fábrica en Guadalajara implementó ajustes en el control de pH (manteniendo entre 5.5 y 6.5) y reutilizó calor residual del precalentamiento del aceite para calentar el sistema de blanqueo. Como resultado, lograron reducir el consumo energético en un 18% y disminuir el contenido de fosfolípidos en un 90%, según auditorías internas realizadas por su equipo técnico.
Este tipo de mejora no solo optimiza el rendimiento operativo, sino que también fortalece el cumplimiento con estándares internacionales como ISO 22000 o HACCP, especialmente relevante al exportar a países como España, Brasil o Canadá donde los importadores exigen certificaciones rigurosas.
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